Vino, alcohol y cosechas

A pesar de los grandes avances que se han hecho en el conocimiento de la vinicultura, aún existe la creencia que el vino es mejor cuanto más tiempo ha pasado desde su elaboración, lo que es lo mismo decir, desde su cosecha. Por lo tanto, un vino del año 2005 será mejor que uno del 2006. Simplemente, por que éste último, tiene un año más de vida organoléptica que el anterior. También un elaborado que contenga mayor graduación en alcohol es de mayor calidad que otro que tenga, por ejemplo, medio grado menos.

Estas someras matemáticas, hoy en día, no sirven. No se ajustan, obligatoriamente, a la realidad. Existen cosechas de vinos tintos de cualquier procedencia del 2006 que son mucho mejores que el 2005. Y vinos de la añada 2009 que merecen mejor criterio que alguno del 2001. Tenemos botellas que en su etiqueta figura un volumen de alcohol de 12,5% que disfrutan de unas cualidades vínicas superiores a otras que lucen 13,5%.

No hay matemáticas. Cada vino tiene su propia personalidad, y nunca se debe valorar por la cantidad de alcohol que contenga o por la dilatada vida. A veces, sí que es así. Pero menos de lo que pueda parecer. Apunto que para el deleite de un caldo debemos poner nuestros cinco sentimos. La vista, para analizar ciertas virtudes y defectos. La nariz, para corroborar o no algunas de estas premisas. El oído, para deleitarnos con el escanciado de éste en la copa. El tacto, menos, muchos menos que los demás, pero también nos dará un agradable placer tocar la copa por el pie y mover el contenido de ésta. Y, finalmente, la boca nos hará sentir el placer que destilan todos y cada uno de sus componentes organolépticos, ya sea el alcohol, los minerales, los ácidos, las frutas, los taninos primarios (fruta fresca) y los secundarios (barrica de roble), entre otros.

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