Robert Parker no es un dios

A mí que no me vengan con historias del «gurú» Robert Parker. Yo quiero ser yo mismo, no que me dirija un experto que sabe mucho de vino, pero nada más. Nadie discute que tiene sus particulares criterios, sus valoraciones organolépticas y de cata de los caldos, y que ofrece prefijados criterios en función de sus preferencias vinicolas o de negocio.

Con ello, no pretendo desmitificar a Parker, ni poner en duda sus amplios conocimientos en esta materia, pero si sostenerme en su descabalgo como dios del vino. No hay dioses vivientes, hay profesionales que tienen su criterio, su teoría, su ángulo de valoración de los caldos. Aunque frente a estos, deben prevalecer los propios, los que uno sabe sacar de cada uno de los vinos que se le presentan en la mesa.

Es muy cierto que contra gustos no hay nada escrito, aunque se han escrito opiniones personales muy interesantes en vinicultura que uno puede estar de acuerdo con ellas o no. A mí, por ejemplo, me gusta un vino tinto (joven) que a pesar de que haya permanecido un tiempo en barrica manifieste las excelencias de la fruta, sin olvidarme de los taninos. Por el contrario, Parker, según sus valoraciones, enaltece los que manifiestan una excelsa estructura a pesar de ser jóvenes. No comulgo con esta opinión, y no por ello no quiero decir que no tenga razón. Pero ¿Qué razón?, si al fondo del tema cada uno tiene su particular razón, su opinión y su verdad.

En la edición del 2007 de Fenavin, voces muy autorizadas en la temática del vino a nivel internacional hicieron una apología de desmitificación en la línea de los vinos tintos «parkeristas» de mucha concentración que no dejan ver el fondo de la copa, impulsando una tendencia hacia la creación de vinos difíciles de beber, según puso de manifiesto en su intervención el prestigioso periodista norteamericano Gerry Dawes, uno de los que participaron en la mesa redonda «Presente y futuro de los vinos españoles en los mercados tradicionales».

Todos somos en cierta manera responsables de idolatrar internacionalmente a Parker, aunque yo, a fuerza de ser sincero, no tanto. No es que pretenda ser pedante con ello, ni mucho menos, si no que pienso que tengo criterio propio (como todos lo tenemos), y por encima de todo, tengo unos perfiles de cata que no los dejo manipular por nadie.

Pienso que detrás de Parker, funciona un esquema de negocio, de hacer dinero fácil y «jugar» con el sentimiento y el trabajo cotidiano de muchos bodegueros, empresarios, vinateros e industriales del mundo del vino que se someten a su criterio para alzarse hasta los altares o esperar pisando la tierra una nueva oportunidad dictada por el «mago» norteamericano.

Enric Ribera Gabandé

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