Por favor, una sopa de aleta de tiburón!

China es el país que más consume la sopa de aleta de tiburón, un plato considerado exótico para la gran mayoría de los países de Occidente. Según una encuesta realizada recientemente, en China un 35% de la población aseguró haber tomado esta sopa durante el ciclo de un año. Pero, ¿Cómo se elabora este extravagante plato de cuchara que tanto cautiva a los asiáticos? Primero de todo se debe tener las aletas a punto. Para ello se les quita la piel y a continuación se las seca. Para darle un color más atractivo, se acostumbran a lavar antes con agua oxigenada, y se comercializan congeladas o secas en tiras.

Las aletas, que resultan insípidas y de un nulo contenido nutritivo, se las aprecia más por su textura que por su sabor. Para que resulte apetitosa la sopa es necesario prepararla con un filete de pechuga de pollo cortada a tiras, setas chinas (en remojo), salsa de soya, caldo de gallina, jengibre bien picado, un poco de café, pimienta, yema de bambú, sal y ajinomoto (al gusto).

A pesar de que preparada con todos estos ingredientes y algunos más, resulta un plato de singular sabor, lo cierto es que las aletas de tiburón tienen un componente ciertamente peligroso como es el mercurio, que muchas veces superan ampliamente las cantidades permitidas para el consumo humano. Esta especie marina, que debido a estar situada en la cúspide de la cadena trófica del mar y a que es una nadadora muy activa que llega a filtrar millones de litros de agua a través de sus branquias, llega acumular en su organismo cantidades de mercurio y otros metales pesados.

El azogue (tiburón), que en EE UU está contraindicado para niños y mujeres embarazadas por el riesgo de malformaciones en el feto, es un metal pesado muy tóxico que se acumula en los organismos vivos y que no se elimina de forma natural.

“Lo que no mata, engorda”, dice el refrán.

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