Los vinos se visten de tres colores

Tres son los colores básicos que lucen los vinos; blanco, rosado y negro, aunque el color negro no se utiliza en el argot enológico y en su lugar sí es conocido el color tinto. Normalmente los vinos blancos se elaboran con variedades de uvas blancas, chardonnay, macabeu, albariño, verdejo…El vino tinto se obtiene de la fermentación del mosto obtenido de las variedades tintas, cabernet souvignon, merlot, sirah, tempranillo…Y, el rosado, ¿con qué tipo de uva? Pues, con las tintas, con el mosto de estas que fermenta con las pieles, y una vez obtenido el color deseado, se separan del proceso fermentativo para continuar la vinificación por separado.

Por lo tanto, tres son los grupos genéricos de colores que encontramos en los vinos, aunque cada uno de ellos luce mil matices, tonalidades o arco iris colorista, según que tipos de uva han intervenido en cada uno de ellos, el sistema de fermentación empleado, el envejecimiento o tiempo de conservación que ha permanecido en la botella. Como más tiempo de permanencia en barricas, más color rojo intenso o teja. A más juventud, a los vinos le salen más los colores morados.

Dentro de la gama de elaborados tenemos los vinos tranquilos, los espumosos, los dulces, los semi-dulces, los ajerezados, los vinos macerados con hierbas (vermuts), los vinos encabezados con alcohol, y un sinfín más de sistemas productivos. Cada uno tiene su personalidad, su bouquet.

Cada uno debe servirse, cumpliendo con el protocolo estipulado por los expertos, de diferentes maneras. Un vino blanco seco a una temperatura (no obligatoriamente) entre los 6 y los 9 grados. Los semi-dulces un poco más fríos, entre los 5 y los 7 grados. Los tintos que hayan permanecido en barrica de madera de roble, a una temperatura de 18º. Los tintos jóvenes se recomienda presentarlos a 5º-6º. Y los vinos espumosos a unos 8º-9º.

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