El Bocuse d’Or desmiente que la gastronomía española sea la mejor del mundo

El Bocuse d’Or desmiente que la gastronomía española sea la mejor del mundo

Enric Ribera Gabandé.

Ferran Adrià, el más grande entre los grandes chef de nuestro país y del mundo, debería venir a solucionar el entuerto en el que anda metida España. La participación española en el concurso de cocina más importante del planeta, el Bocuse d’Or, ha sido una vez más un fiasco, un fracaso, una decepción total y absoluta para ella ¡Siempre metidos en el vagón de cola, en el coche escoba, en el más decepcionante de los abismos! Pero ¿qué ocurre? ¿No somos los mejores del mundo? ¿No tenemos a los chefs más vanguardistas de los cinco continentes? ¿No ocupamos cada año los puestos de privilegio en la lista de The World’s 50 Best Restaurants? ¿No somos el mejor país del mundo en restauración? Si todo esto es cierto, ¿qué nos está pasando? Desde la primera edición, en 1987, del Bocuse d’Or, nunca hemos ocupado un puesto entre los primeros clasificados. Por el contrario, siempre tenemos reservada una plaza en los lugares de consolación.

¿Por qué no viene Ferran Adrià; o su hermano Albert; o Joan Roca, o algún chef vasco galardonado con tres estrellas Michelin como Pedro Subijana o Elena Arzak a contribuir con su experiencia a subsanar este descrédito? El presidente de la Academía Nacional Bocuse d’Or en España, Martín Berasategui, con respecto a la participación española en la final europea de este año del concurso celebrado recientemente en la capital del Piamonte, Turín, ha criticado que España no apueste económicamente por ganar concursos gastronómicos de prestigio como éste, cuya final concluyó el pasado martes, y que tuvo como representante al extremeño Juan Manuel Salgado, que, dicho sea de paso, ninguna responsabilidad se le puede pedir.

Martín Berasategui está convencido que “España es un país que puede competir sin duda alguna en el Bocuse d’Or, porque tenemos gente joven, con raza, con un inconformismo increíble, con un nivel de superación altísimo. Pero se necesitan más recursos. Me da pena, me duele en el corazón ver las condiciones en las que venimos”, señala el cocinero vasco.

Este fracaso, año tras año, en este certamen gastronómico, no deja de poner en duda si España es tan grande en restauración como piensan algunos, o si todo ello obedece a que está situada en un olímpo, en un lugar irreal al que no le corresponde. Berasategui se empeña en decir que es cuestión de inversión, pero donde invertiremos si lo que hay que hacer es demostrar la valia profesional delante de un jurado internacional, teniendo en cuenta que ningún concursante sabe a priori con qué materias primas se va encontrar delante de la cocina en el momento de la celebración del concurso. Solamente sabe que cada equipo debe elaborar, en 5,35 horas, 14 raciones de pescado emplatadas de forma individual y otras tantas de carne presentadas en espectaculares bandejas diseñadas por cada país para tal ocasión.

No hay más cera que la que arde. Y si no se está en condiciones de ganar o cuando menos quedar entre los primeros, España lo que debería hacer es renunciar a su participación al Bocuse d’Or, hasta que se diera esta circunstancia.

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