Dom Pérignon no descubrió el Champagne!

No se sabe con certeza, pero se cree que era ciego. Tenía tanta intuición que incluso podía saber al degustar una uva de que viñedo procedía. Ni los más expertos en la materia de hoy en día serían capaces de hacerlo, a pesar de que algún iluso se atreve a decir que él conoce hasta la cepa de donde proceden sus racimos de fruta.

Desde 1668 y hasta su muerte en 1715, fue abad de la Abadía de Hautvillers. Durante estos 47 años, Dom Pérignon llegó a ser responsable de las bodegas de este centro religioso benedictino, mundialmente conocido por conservar los restos de Santa Elena, madre del emperador Constantino.

Sobre el mítico monje, nacido en la región francesa de Santo-Menehould, a nadie se le escapa que a él se le atribuya el descubrimiento del dorado y espumante vino de Champagne. El nombre de Dom Pérignon está asociado al Champagne, indisolublemente. A nadie o casi nadie, relacionado con el mundo de los vinos, se le hace extraño esta aseveración.

¡Rompamos mitos al respecto y neguemos que sea así! ¿Extrañeza, no? Pues sí; extrañeza mostré yo cuando un director general de una de las mayores empresas bodegueras de la Champagne, cuyo nombre voy a mantener en el anonimato, me aseguró -en mí penúltimo viaje realizado a esta región de Francia- que Dom Pérignon sí tuvo que ver y mucho con el Champagne por aquello de que trabajaba en este sector francés de mitad del siglo XVII a principios del siglo XVIII, pero no fue el descubridor del Champagne, ya que éste nació en el siglo XVII durante el dilatado transporte de una partida de vinos de esta zona francesa hacia la Gran Bretaña, cuando comprobaron de que espontáneamente algunos tapones de las botellas saltaban por los aires, fruto de la presión del anhídrido carbónico de su segunda fermentación.

Este señor apuntilló sobre el argumento en cuestión, que la asociación de Dom Pérignon y el nacimiento del Champagne se debe única y exclusivamente a un tema de marketing de Môet & Chandon, creado sobre los años 60 del pasado siglo. El objetivo era y es vender, con el tiempo, muchos millones de botellas más que de otra manera no lo hubiera hecho.

No existen dudas, que los franceses saben mucho sobre este sector, por algo son el número 1 del mundo ¡Vaya nuestro reconocimiento!

Enric Ribera Gabandé

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